Finca en Alpedrete

Guadarrama (Madrid)

Uso: vivienda unifamiliar para una familia con dos hijos 

Encargo: Anteproyecto, proyecto básico, proyecto de ejecución y dirección de obra 

Superficie construida: 348,30m² 

Periodo: 2017-2019 

Fotografía: octavuss 

180 grados de paisaje: una vivienda abierta al valle de Guadarrama. 

La casa no busca imponerse al lugar, sino asentarse en él. Elevada sobre su zócalo ajardinado, se recoge en torno a una encina centenaria y se abre al imponente paisaje de la sierra de Guadarrama, estableciendo una relación equilibrada entre protección y apertura, entre refugio y horizonte. Una vivienda pensada para ser habitada con el paso de las estaciones, donde la arquitectura acompaña el ritmo del clima, la luz y el tiempo. 

Habitar entre estaciones: una vivienda para disfrutar del invierno y el verano. 

La vivienda se organiza conceptualmente en dos casas superpuestas y complementarias: una casa de invierno y una casa de verano. La primera, más cerrada y recogida, se ancla al terreno y se protege del clima adverso. La segunda se despliega en los espacios porticados, abiertos y sombreados, que se orientan hacia el jardín, la piscina y las vistas lejanas. Entre ambas, la arquitectura se fisura: el jardín desciende y asciende por esta hendidura como una lengua verde, marcando el recorrido y diluyendo los límites entre interior y exterior. 

Arquitectura como refugio: un muro al norte, un horizonte abierto al sur.

En planta baja, los espacios de día se organizan en continuidad: cocina, comedor y estar se suceden sin jerarquías rígidas, volcándose hacia el porche y el jardín. Los espacios de servicio se alinean discretamente junto al muro norte, reforzando su carácter protector. La vida cotidiana se expande hacia el exterior, donde los porches, la barbacoa y la piscina configuran un paisaje doméstico pensado para el uso estacional y el disfrute pausado. 

Ventanales, aislamiento, galerías y lamas: estrategias pasivas para una casa en la sierra madrileña.

La planta alta, de geometría más contenida, se reserva para los espacios privados. Los dormitorios se abren a las vistas mientras un pasillo-galería orientado al sur actúa como colchón climático. Este espacio filtra la luz, capta el calor en invierno y lo controla en verano mediante un sistema de lamas, convirtiéndose en un regulador térmico y lumínico que acompaña el recorrido interior. 

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